martes, 19 de junio de 2012

Introducción

Mis estimados hermanos, hoy en dia son muy necesarios los sacerdotes. Es crucial que se trate de sacerdotes santos, para ello necesitan una formación buena, tanto a nivel intelectual como espiritual. El seminarista es una vasija de barro que, poco a poco, va siendo realizada por Dios.

Mi padre estuvo un tiempo en el Seminario de Palencia. Primero en Lebanza y, posteriormente en la capital de la vieja Pallantia. Después se salio pues su vocación era en realidad casarse. Hace poco me encontré con un libro que, considero, se trata de una verdadera joya. Un libro que no ha vuelto a ser editado pero que siento la necesidad de publicarlo en este blog de cara a colaborar en una mejor formación de los seminaristas. Fue escrito por el Cardenal Arzobispo de Sevilla Eustaquio Ilundain Esteban Yo tengo una edición de los años cuarenta, que es la que utilizaré para publicar los posts en este blog.

Os dejo el prólogo que escribió, dedicado a los seminaristas:

"A vosotros ofrezco este modesto trabajo, inspirado en un ardiente deseo de vuestra santificación y en mi constante empeño de contribuir con mis módicas fuerzas al servicio de Dios nuestro Señor y de su Iglesia Santa, en la pesona de los seminaristas. Usad de este Curso Espiritual con ansias de haceros santos, porque si a todos ha dicho Dios "sed perfectos, cómo vuestro Padre celestial es perfecto", ¿cúanto más a los que un dia habeis de ser sacerdotes?


El sacerdote que no es santo no es buen sacerdote; no lo digo yo, dícelo la Sabiduría eterna: Sancti eritis quoniam ego sanctus sum. De donde se infiere, que los que aspirais al sacerdocio necesitais aspirar a la santidad sacerdotal, la cual, como escribió el Angélico Maestro " es superior a la que pide el estado religioso, y no debe tener en la tierra santidad que le supere".


Feliz será el seminarista si, practicando la piedad, trabaja por adquirir la perfcción propia del estado eclesiástico. Y para que tengais un prontuario facil y de seguros resultados, con cuyo manejo os ejerciteis en esa piedad que es ad omnia utilis, y conozcáis las principales vias por donde deben encaminarse vuestros pasos para servir a Dios, os ofrezco con el mayor amor la presente obra en demanda de vuestra aceptación.


En las tres primeras partes encontrareis una exposición metódica de los medios ordinarios y caminos llanos por donde podáis llegar a haceros virtuosos, variedad de devociones acomodadas a vuestra condición de seminarista, y una serie de meditaciones y exámenes prácticos; lo cual, aun sin otros libros, suministrará abundante materia para toda práctica espiritual, ordenada a conduciros gradualmente a la consecución de la santidad que debe resplandecer en el seminarista. La sección segunda de la parte tercera, que es importantisima y original, conduce al seminarista mes por mes, por las sendas de las virtudes y Ejercicios espirituales más provechosos para el fin de su vocación. En la cuarta parte se pone de manifiesto la doctrina ascético-teológica, cuya observancia y cumplimiento pondrá el sello a la obra admirable de la perfección de vuestras almas. Haec meditare, in his esto. Practicad cuanto en esta suma de piedad y perfección está contenido, porque si así lo hiciereis, et vos ipsos et alios salvos facietis.


Estas fueron mis intenciones al escribir el Curso Espiritual del Seminarista. Nos aguijonea conjuntamente el deseo ardiente de formar excelentes cooperadores que Nos ayuden en el ministerio pastoral que Dios puso sobre nuestros débiles hombros, y prestar también auxilio a nuestros V.V., hermanos los Obispos de España, proporcionando esta modesta obra para la buena formación espiritual de sus Seminaristas. Acojanla benignamente los Rvdmos Prelados, si la estiman digna de ello y se lo agradeceremos. Aprovechense los Seminaristas de este libro y oren por su autor, el Cárdenal Ilundain y Esteban, Arzobispo de Sevilla."

Hago mias las palabras del Cárdenal Ilundain. Considero que es menester llevar a cabo esta empresa de reeditar su libro, aunque sea a través de un humilde blog. Pido por ello que oreis por mí y que a los seminaristas y sacerdotes (pues los consejos que el libro da valen también para los sacerdotes) os sea de mucho provecho. Paz y Bien

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